TRINA MIGUELINA MARCANO

Publicado el 26/11/2018
UN CUAJAO DE PERSEVERANCIA CON ESTAMPA DE MUJER…

Tiempos de Juan Vicente Gómez, en una Isla de Margarita sumida en la pobreza, aquel 8 de mayo de 1924, en el sector el cerro de la Bahía de Pampatar, en Pampatar Arriba, el trinar de los alcatraces y las gaviotas no fue el monótono de todos los días, en el hogar de Trina Acosta y Eugenio Marcano, el llanto de una niña se confundía con la alegría de los pájaros marinos, llegaría a este mundo un ser especial, marcado por la brisa salinera bajo el manto protector de nuestra Señora de los Desamparados: Trina Miguelina, marcada como arribera.
Las dificultades de su infancia fueron labrando una personalidad distinta a las otras diez muchachas que le tocó criar a su abuela Rita y bajo la tutela de su tío Pragedes Acosta el poblador de La Galera y Guayacán, o en Manzanillo y Constanza, donde se arranchaba con sus trenes y embarcaciones en búsqueda de la mejor pesca, allí el mirar constante al horizonte, de la niña Trina; le servía de esperanza y la mano cariñosa de su abuela la traía a la realidad, la mayor parte de los ratos de diversión era darle vueltas y vueltas, cuando le tocaba su turno en el molino que trituraba el maíz, para la elaboración de las arepas, en el rutinaria faena diaria del fogón de su abuela.
Diez años duró su matrimonio con Rasauro Franco, que empezó a los 17, mamá Trina procreó a Carmelo, Argelis, María, Nancy y Rita, quienes se encargaron de convertirla en abuela, bisabuela y tatarabuela, pero siempre por su tenacidad se planteó “Un mundo mejor antes que estar pariendo”
En búsqueda de ese mundo mejor, se gradúa de maestra Normalista, pasión que estaba en sus venas desde pequeña y pudo cristalizar y ejerció en Agua de Vaca, en Los Cerritos, en Aricagua y que culminó como directora de la Escuela “Francisco Esteban Gómez” de La Asunción, aún recuerda aquellos años cuando tuvo que sumarse a la campaña de alfabetización y recorrer casi toda la Isla de Margarita, con el Libro de Juan Camejo bajo el brazo, el labriego que aprendió a leer y se caso con su maestra.
Bajo el entusiasmo de la Revolución de 1945 en compañía de otros jóvenes se lanza al ruedo político y se convierte en una de los fundadores del partido Acción Democrática en el estado Nueva Esparta, ya que en la búsqueda de ese mundo mejor que soñaba; veía en la política el camino hacia la reivindicación social de estos pueblos oprimidos, y a pesar que todo Pampatar era urredista por ser cuna de Jóvito Villalba, pudo sobreponerse a las adversidades de ser mujer y ser adeca en aquellos tiempos, y fue concejal en el Distrito Maneiro, primera presidenta de este ayuntamiento y hasta llegó a ocupar un curul en la vieja Asamblea Legislativa, una de sus alegrías es la de ser gestora de la independencia de Coche como municipio autónomo.
Con sus siglas lleva el sabor de su fogón y el de su abuela y emprende la aventura culinaria en su restaurant TRIMAR en la bahía de su amado Pampatar, allí con arraigo y tradición desde su cocina la identidad gastronómica neoespartana adquirió la referencia necesaria para cautivar el paladar de residentes y visitantes, y una pícara sonrisa ilumina su rostro cuando evoca nombres como Reny Ottolina y el Musiu Lacavalerí, como asiduos comensales, entre otros que se encargaron de recomendarla en el país y fuera de nuestras fronteras.La raya era la reina de su cocina, su preferida y existió una relación tan afectiva entre ella y la raya que llegó a expresar: “Una carne sin duda muy noble de un rosado y de suave textura.”, así la servía en Tortillas, en asopado y en el popular cuajao, emblemático plato del TRIMAR, que apareció cuando tenía reservado ingredientes para preparar la tortilla de diez comensales a petición del comerciante español Galán de Porlamar, y se apareció con 15 personas, lo que la llevó a buscar más ingredientes para que rindiera y entonces le agregó papa, plátanos y mas huevos, así nació el Cuajao de Trina, amparado en el lema: “que la cocina margariteña es una cocina de lo que hay”.
El TRIMAR marcó época, y Trina lo dejó en otras manos, las tortillas, el asopado y los cuajaos, de raya, casón y chucho…se pusieron tristes; la raya no fue la misma, la fogosidad de su color rosado se hizo blanco, se despedía su amiga; el casón y el chucho seguirían afligidos, uno como relleno de la empanada y el otro convertido en pastel; a la sopa de res a la juliana se le traspapeló la receta, se escondieron sus ingredientes; los calamares y la langostas no fueron los mismos sin la sazón de Trina, y hasta al afiche de Juan Bimba que colgaba en la pared, se le borró el “Adelante a Luchar miliciano” y solo le quedó “por una Venezuela libre y de los venezolanos Pan, Tierra y Trabajo…Trina… se marchó a su casa a cocinar reminiscencias, a macerar recuerdos, a guisar viajes, a degustar del amor que apareció, a seguir soñando con ese mundo mejor.
Este homenaje para ti; Trina Miguelina, de Margarita Gastronómica, es en realidad una deuda que tiene el pueblo neoespartano contigo, es un tributo a ti, que te abriste paso en un mundo austero, fuerte, de mucha necesidad, pero con esa pujanza en la matriz que caracteriza a las mujeres margariteñas, bastiones de nuestra margariteñidad, demostraste que si puede, que eres
UN CUAJAO DE PERSEVERANCIA CON ESTAMPA DE MUJER…
Muchas Gracias…GRACIS Trina Miguelina…gracias

Verni Salazar 

Cronista - Embajador de Margarita Gastronómica 

Palabras en la inauguración de la 

6ª edición de MARGARITA GASTRONOMICA 

(30 Septiembre, 2017)





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